Filosofía de vida… Mario Bunge, 95 años.

FOTO: Fundación Príncipe de Asturias, 1982.

Mario Bunge, nacido en Buenos Aires, el 21 de septiembre de 1919, es un físico y filósofo de la ciencia argentino. Tras realizar sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, se doctoró en Física y Matemáticas por la Universidad de La Plata, y estudió Física Nuclear en el Observatorio astronómico de Córdoba. Compaginó ya por entonces su dedicación a la ciencia con el interés por la filosofía, fundando la revista Minerva en 1944. Fue profesor de Física (1956-1958) y de Filosofía (1957-1962) en la Universidad de Buenos Aires, y desde 1962 fue profesor de Filosofía en la McGill University de Montreal. En 1982 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Humanidades.

Interesado principalmente por la lógica de la ciencia y los problemas del conocimiento científico, ha tratado de construir una filosofía científica (más precisamente, una metafísica) que tuviera en cuenta tanto el conocimiento elaborado por la ciencia como el método utilizado por quienes la practican, entendiendo que este último es un proceso que no está exclusivamente supeditado ni a la experiencia ni a la teoría.

Aunque la concepción de la ciencia elaborada por Bunge concede importancia al desarrollo de la investigación científica en la historia, su orientación está principalmente dirigida al análisis formal de dicho desarrollo, y se aparta de la insistencia en los aspectos históricos, psicológicos y sociales propia de enfoques como los de Thomas S. Kuhn y Paul Feyerabend.

Defensor de un realismo crítico basado en una ontología materialista y pluralista, ha mantenido una actitud beligerante ante el psicoanálisis, al que considera una pseudociencia supeditada a la aceptación acrítica de la doctrina de Freud como argumento de autoridad; en un sentido análogo, considera que el marxismo no ha conseguido superar la condición ideológica de sistema de creencias a causa de su repetición también acrítica de las enseñanzas de Marx.

Como obras principales del autor cabe citar, entre otros, La edad del Universo (1955); Causalidad: el principio de causalidad en la ciencia moderna (1959); La ciencia, su método y su filosofía (1959); Ética y ciencia (1960); El mito de la simplicidad (1963); La ciencia (1963); La investigación científica, su estrategia y su filosofía (1967); Los fundamentos de la física (1967); El problema mente-cerebro (1980), etc.

Es conocido por expresar públicamente su postura contraria a las pseudociencias, entre las que incluye al psicoanálisis, la praxeología, la homeopatía, la microeconomía neoclásica (u ortodoxa) entre otras, además de sus críticas contra corrientes filosóficas como el existencialismo (y, especialmente, la obra de Martin Heidegger), la fenomenología, el posmodernismo, la hermenéutica, y el feminismo filosófico. Y ha saltado a la palestra últimamente por un titular no menos crítico “Hoy día la ciencia asusta tanto a la izquierda como a la derecha”, en un artículo en El País, donde también relata que espera publicar sus memorias en septiembre.

El filósofo y profesor argentino Mario Bunge, fotografiado esta semana en Madrid. / SAMUEL SÁNCHEZ

Con 95 años, el premio Príncipe de Asturias de Humanides sigue levantando polémica y dando sus opiniones, consejos y premoniciones sin pelos en la lengua. Por ejemplo, advierte que las nuevas tecnologías permiten que “la búsqueda de información sea más rápida, pero obstaculizan la creatividad y la imaginación” y afirma que “la mayor parte de los filósofos no saben nada de ciencia, pero están varios milenos atrasados y no pueden profundizar en cuestiones importantes, que han sido ya respondidas por la ciencia, como por ejemplo qué es la vida, la psique, la justicia”…

Sobre la crisis ha dicho que “los golpes no enseñan nada, no creo que aprendamos de esta crisis, sobre todo si los gobiernos siguen pidiendo consejo a los economistas que contribuyeron a crearla, a los partidarios de políticas sin regulación”. Sobre la educación, que sigue siendo dogmática: “Hay que cualificar la manera de enseñar. Se enseñan ideas pero no se enseña a discutirlas. La finalidad de la educación es educar, no evaluar. Claro que necesito saber si el trabajo ha sido eficaz o no, hace falta alguna manera de evaluar, pero no con los exámenes, que solo valoran la memoria y hacen que el proceso de aprendizaje sea aterrador en vez de ser agradable y hasta excitante”. No cabe duda que da gusto oírle y leerle. ¡Casi 100 años de filosofía y ni un ápice de envejecimiento mental! Apabullante.

Mario Bunge, en la WIKIPEDIA.

Entrevista en EL PAÍS.

Mario Bunge, en Biografías y Vidas.