BOWES-LYON, Elizabeth “The Queen Mother” (1900- )

Elizabeth Marguerite Bowes-Lyon nació el 4 de agosto de 1.900 en ‘St. Paul’s Walden Bury’, la casa londinense de sus padres, Lord y Lady Glamis, Condes de Strathmore y Kinghorne, familia de rancio abolengo escocés que expresó siempre su gran devoción a Dios y al Rey.

La infancia de Lady Elizabeth transcurrió felizmente entre su casa londinense de ‘St. Paul’s’ y el castillo escocés de Glamis donde jugaba con sus hermanos con total libertad sin importarle el rumor de las gentes del lugar que decían que allí habitaba el fantasma de un hijo deforme de un antepasado suyo nacido en 1.821 de aspecto tan horripilante que fue encerrado en una de las habitaciones más recónditas del palacio, también se decía que había sido el escenario del asesinato del Rey Duncan a manos de Macbeth en 1.040.

Durante una fiesta organizada en casa de la Condesa de Leicester conoce al Príncipe Albert, segundo hijo del Rey George V, entonces con 10 años de edad. En 1.920 acude a un acto oficial al Palacio de Holyrood, Edimburgo, su presencia destaca sobre las demás jóvenes pues se ha convertido en una muchacha tremendamente atractiva, ligeramente rolliza pero con unos expresivos ojos violeta, su carácter alegre y su naturalidad empiezan a cautivar a la nobleza de la época. Tiempo después vuelve a coincidir con el Príncipe Albert en un baile y éste no deja de seguirla a todas partes atraído por su carácter alegre en contraposición al suyo tímido, causado por su tartamudez.

En enero de 1.923 y después de rechazarle dos veces anteriormente, Elizabeth acepta la proposición de matrimonio que ‘Bertie’ le hace en el jardín de la casa de sus padres en ‘St. Paul’s Walden Bury’, movida más por su sentido del deber que por los dictados de su corazón. Lady Elizabeth nunca se imaginó, al dar el sí al Príncipe Albert, que llegaría a ser reina ya que el heredero al trono era el Príncipe Edward y además le horrorizaba la rigidez de la corte.

El 26 de abril de 1.923 se celebra la boda entre el Príncipe Albert y Lady Elizabeth, desde entonces duques de York, en la Abadía de Westminster. Con este enlace Lady Elizabeth se convierte en la primera persona que entra a formar parte de la familia real británica que no es de sangre azul.

Quizá no estuviera muy enamorada cuando se casó con el duque de York, pero pronto se convirtieron en una pareja feliz e inseparable. Se adaptó bien al protocolo real y añadió un toque de alegría al aburrimiento de la vida palaciega. La duquesa de York fue la logopeda privada de su marido ya que ensayaban juntos los discursos oficiales en las habitaciones de palacio. Siempre se preocupó por la evolución de la tartamudez de su marido que tantos problemas le causaba en público.

Tres años después de casarse, en abril de 1.926, los duques de York tuvieron su primer descendiente, una niña a la que pusieron por nombre Elizabeth Alexandra Mary, con el tiempo y con la prematura muerte de su padre, aquella niña se convertiría en la actual Reina de Inglaterra.

Diez años después, el 28 de enero de 1.936 muere el Rey George V y con ello asciende al trono su heredero el Príncipe de Gales, Edward VIII, pero éste, enamorado de Wallis Simpson, se ve obligado a abdicar ante la negativa de la corte a un matrimonio con una americana divorciada. La duquesa de York nunca le perdonaría a su cuñado este hecho pues así se vio coronada como Reina de Inglaterra, algo que nunca antes se le había pasado por la cabeza.

En una ceremonia celebrada en la Abadía de Westminster el 12 de mayo de 1.937 asciende al trono británico el duque de York con el nombre de Rey George VI y la duquesa como Reina Elizabeth I. Su matrimonio estabilizó la monarquía británica, debilitada por la abdicación de Edward VIII.

El comportamiento de la Reina Elizabeth durante la 2ª Guerra Mundial fue digno de mención. Nada puede ilustrar mejor el carácter británico que su comportamiento durante el bombardeo de Buckingham Palace, su residencia real, mientras Elizabeth se abría paso entre los escombros le comentó a un policía: “Casi me alegro, pues ahora puedo ver el East End”, este desafiante comentario hizo que Hitler la calificase como “la mujer más peligrosa de Europa”.

Finalizada la guerra la popularidad de la familia real británica nunca había alcanzado cotas más altas y la mayor parte del éxito se le debe a ella pues es una excelente relaciones públicas que sabe distinguir a la perfección lo que los demás quieren de ella, aunque detrás de su dulce sonrisa se esconde un armazón de hierro. Cuando oye algún comentario hiriente sobre su marido sale a la luz el carácter guerrero de sus antepasados escoceses.

De su matrimonio con el Rey George VIII nacería una hija más, la Princesa Margarita. Tras quince años de felicidad compartiendo las obligaciones reales, la tristeza inunda el corazón de la Reina Elizabeth el día 6 de febrero de 1.952 cuando el Rey George VIII, tras varios años de enfermedades, muere en el castillo de Sandringham. Tras el fallecimiento del Rey se convierte en la Reina Madre, ya que sube al trono su hija la Reina Elizabeth II, casada con Felipe de Grecia, Príncipe de Edimburgo. “The Queen Mother” (1) se trasladó entonces de Londres al castillo de May, en su Escocia nativa.

A finales de los años 50 dejó Escocia y regresó a Londres para cambiar el papel de Reina Madre por el de embajadora en representación de su país. La “Reina de todos los corazones” como la definieron en América “ha sostenido a una nación e inspirado a todo un mundo” dijeron de ella tras su visita oficial al nuevo continente.

La relación con su hija la Reina es cordial y ésta siempre se ha dejado guiar por sus sabios consejos. De sus nietos el preferido es Carlos, el Príncipe de Gales, quizá por que en él ve al hijo que nunca tuvo.

Actualmente vive en Clarence House rodeada de un amplio servicio personal pero sigue contagiando de alegría a todas las personas de su entorno ya que así se lo permite su excelente salud y su extraordinario apetito.

Durante los actos oficiales por su 90 cumpleaños presidió de pié el desfile de los regimientos y organizaciones de los que es patrona, al lado del Ministro de Defensa, Tom King, quien le sugirió: “Podríamos sentarnos, Señora”. “Usted puede sentarse si lo desea-replicó cortante- yo me quedo de pie”. Así de independiente se muestra la Reina Madre que se niega a reconocer su creciente fragilidad, pero que espera con ilusión el telegrama que le mande la Reina Elizabeth II por su 100 cumpleaños, telegrama que envía a todos los británicos que alcanzan tal edad.

Permaneció activa hasta el final de su vida y murió el 30 de Marzo de 2002 en el Palacio de Buckingham a los 101 años de edad.

(1)- Como sería apodada cariñosamente desde ese momento

Jesús Fraiz Calvo