Alice HAMILTON (1869-1970)

Como médico pude ir a todos los lugares que quería, por muy lejanos que estuviesen, ya fuese en otras regiones o en suburbios urbanos, y podía estar segura de que podía ser de utilidad en todos los sitios.

Alice Hamilton a los 24 años.

La fundadora de la medicina industrial nació el 27 de febrero de 1.869 en New York, pero vivió durante su infancia en Indiana. Era la segunda de los cinco hijos de Montgomery Hamilton, comerciante de ultramarinos y Gertrude Pond. Su hermana Edith (1867-1963) fue una famosa académica de griego y editó varios libros sobre mitología y literatura de su especialidad. La familia de Alice pertenecía a la clase media alta de su ciudad y su madre animaba a todos sus hijos a que se dedicasen a lo que verdaderamente querían. Alice fue educada en un principio en su casa, con profesores particulares, pero más tarde estudió en la escuela privada de la Srta. Porter, en Farmington, Conneticut. Después entró en el ‘Fort Wayne College of Medicine’, en Indiana.

Alice quiso estudiar medicina porque era uno de los escasos sectores abiertos a las mujeres de su época, debido a la necesidad de ayuda en tiempos de guerras. En 1.893 se licenció en medicina por la Universidad de Michigan. Al darse cuenta de que prefería el camino de la investigación más que el del ejercicio de su profesión, siguió ampliando conocimientos en el extranjero y para ello viajó a Alemania con su hermana Edith en 1.895, permaneciendo durante un año allí y conociendo los estudios que se realizaban en las Universidades de Leipzig y Munich. Nunca antes se había permitido la entrada de estudiantes femeninas en la universidad, por lo que Alice pudo asistir a las clases de patología y bacteriología, bajo la condición de que no perturbase a sus compañeros y profesores masculinos.

Al regresar a los Estados Unidos, realizó trabajos de investigación en la Universidad John Hopkins de Baltimore. En 1.897 fue nombrada profesora de patología de la Escuela Femenina de Medicina de la Universidad de Northwestern de Evanston, en Illinois. Más adelante aceptó el cargo de bacteriólogo del ‘Memorial Institute for Infectuous Diseases’ en Chicago, puesto que ocupó hasta 1.909.

En Chicago vivió en la ‘Hull House’ de Jane Addams, donde pasaba consulta a los pobres a los que el centro prestaba servicio. Durante su estancia allí, creó una clínica para bebés y organizó clases de medicina. También pudo comprobar los efectos de la miseria al detectarse la epidemia de tifus que asoló Chicago en 1.902, pues se dio cuenta de que las moscas eran las portadoras de la enfermedad.

Tras la lectura del libro de Sir Thomas Oliver ‘Dangerous Trades’, Alice comenzó su misión, que duraría toda su vida, de tratar las consecuencias de la industrialización. Se encontró con que, a diferencia de otros países como Alemania e Inglaterra, los Estados Unidos no contaban con leyes que vigilasen la seguridad industrial en esa época. Durante su estancia de veintidós años en la Hull House, la Dra. Hamilton también se dedicó a estudiar la industria del acero y la de grafito, de grandes efectos nocivos para sus empleados.

En 1.910 fue seleccionada por el gobernador de Illinois para dirigir su Delegación de Enfermedades Ocupacionales, y sus trabajos de investigación sobre los peligros del grafito y del fósforo, abrieron el camino a la primera normativa estatal compensatoria para los trabajadores. En 1.911 se hizo cargo, sin remuneración, del mismo trabajo pero esta vez para el gobierno federal, siendo nombrada investigadora de toxicidad industrial del recién creado Departamento de Trabajo.

Durante la 1ª Guerra Mundial, la Dra. Hamilton analizó la industria de explosivos, descubriendo que los humos derivados de la actividad eran responsables de gran parte de las supuestas muertes naturales. En esta época, Alice y otras mujeres pacifistas americanas, empezaron a desarrollar la idea de la necesidad de formar una organización que vigilase las recién creadas leyes a favor de la seguridad laboral y de la regulación del empleo infantil; en enero de 1.915 asistió a la reunión de más de 3.000 mujeres llevada a cabo en el New Willard Hotel en Washington, creando la ‘Women’s Peace Party.

En 1.919 se convirtió en la primera mujer que formó parte del claustro de la Universidad de Harvard, como profesora adjunta de Medicina Industrial, pero a pesar de lo que pueda parecer, se le negaba el acceso al Club Harvard, porque estaba formado solo por hombres, y a participar en las ceremonias de graduación.

Su fama se extendía a nivel mundial y siguió con sus contactos internacionales que le permitieron ser nombrada delegada de la ‘League of Nation’s Health Comission’, con sede en Rusia, siendo la única mujer que ostentaba ese nombramiento en 1.924. También fue consejera de la ‘International Labor Office’ de Ginebra, Suiza.

En 1.924 publicó ‘Industrial Poisons in the United States’, primer texto dedicado al tema de la toxicidad industrial. Al mismo tiempo, su influencia en el campo de la cirugía general fue primordial en la investigación de los efectos nocivos del grafito y del radio. En 1.934 publicó ‘Industrial Toxicology’.

En 1.935, se jubiló de la Universidad de Harvard, pero no así de su actividad pública, ya que fue nombrada consejera de la ‘U.S.A. Labor Department’s Division of Labor Standards’ y desde 1.937 a 1.938, dirigió una investigación sobre la industria del rayón, demostrando la toxicidad generada en su proceso, lo que le permitió la creación de la primera normativa compensatoria para enfermedades ocupacionales de Pennsylvania.

La Dra. Hamilton recibió multitud de doctorados honoríficos y distinciones y premios, como el ‘Lasker Award’ de la Asociación de Salud Pública de Estados Unidos en 1.947, que la convirtió en la primera mujer que recibió este galardón. Su nombre también apareció entre los científicos que figuraban en la lista de ‘Men of Science’ en 1.944. Hay que destacar que su último cargo en la universidad fue el de profesor emérito adjunto de medicina industrial, lo cual quiere decir que nunca ascendió de puesto.

Alice Hamilton no se casó nunca. En 1.943 escribió una autobiografía, ‘Exploring the Dangerous Trades’, y permaneció activa luchando por la justicia social y el pacifismo; tomó parte en la campaña contra MacArthur, la ejecución de Julius y Ethel Rosenberg y contra la Guerra de Vietnam. En sus ratos de ocio le gustaba pintar y cuidar de su jardín. Cuando contaba 88 años de edad declaró en una entrevista “Para mi la satisfacción supone que las cosas son mejores ahora y que yo he tomado parte en ello”.

Murió a los 101 años, en su casa de Hadlyme, en Conneticut.

Jesús Fraiz Calvo