Manuel Vicente García (1803 – 1906)

Tan desconocido su talento en España por sus contemporáneos como reconocido internacionalmente por academias de música y medicina. Su aportación al mundo de la otorrionolaringología con el invento del laringoscopio y su método de exploración de las cuerdas vocales continúan teniendo vigencia cien años después de su creación.

Manuel García Siches nació en Madrid, el 17 de Marzo de 1.803. Fue el primer hijo de Manuel del Pópulo Vicente García, tenor y compositor. Desde niño vivió, pues, en un ambiente artístico y esto influyó definitivamente en su vocación. En 1.808 sus padres tuvieron que exilarse en París, consiguiendo allí grandes éxitos en el Teatro de los Italianos. Aunque Manuel mostraba una precoz predisposición para la música no empezó a educar la voz hasta 1.815, año en el que se hallaba con su familia en Nápoles. Más tarde, de nuevo en París, continuó con excelentes resultados los estudios de armonía con Fétis.

En 1.825 su padre decidió embarcarse en la gran aventura americana, organizando una gira familiar por los E.E.U.U. y Méjico para introducir allí la ópera italiana. En la misma compañía iban sus hermanas, María Malibrán y Paulina Viadot, ambas se consagrarían como intérpretes del ‘bel canto’ años después. Allí el joven García salió por primera vez a un escenario cantando papeles secundarios de barítono; su voz era muy agradable, y tan extensa que en varias ocasiones, por indisposición del padre, le sustituyó haciendo la parte de tenor; tales alardes, repetidos más de lo que fuera aconsejable acabaron por hacerle abandonar la escena.

De regreso a Francia y gracias a la intervención de su hermana María, enfermera auxiliar, consiguió un empleo en la administración del Cuerpo Expedicionario destinado a la conquista de Argelia; así tuvo la oportunidad de explorar a los soldados que regresaban heridos del frente. Más tarde asistió a varios cursos clínicos de fisiología de la garganta mientras prestaba sus servicios en las instalaciones militares de la metrópoli comprendiendo la gran importancia de la fisiología para la educación racional de la voz.

Por entonces conoció a una joven soprano llamada Eugenia Meyer con la que contrajo matrimonio y con la que tuvo dos hijos: Gustavo y Alberto, que llegarían a convertirse en barítonos y maestros de canto en Inglaterra. En 1.840 presentó en la Academia de Ciencias de París “Memoires sur la voix humaine” llegando a importantes conclusiones sobre la voz de pecho y el falsete, que despertaron gran interés en el mundo científico y artístico.

Por aquel entonces solicitó permiso eclesiástico para poder utilizar el apellido García en lugar de Vicente, en honor a su padre que ya lo había hecho famoso, permiso que le fue concedido el 21 de enero de 1.842.

Dedicado a estudiar la voz y la técnica del canto, pronto se convirtió en toda una autoridad en el tema, y fueron muchos los cantantes que acudieron a él para solicitar su consejo.

Adquirió tanto prestigio que en 1.847 fue nombrado profesor de canto del Conservatorio de París. Fruto de sus investigaciones fue su “Traité complet de l’art du chant”, publicado ese mismo año. Su fama se extendió enseguida por toda Europa, y en 1.848 aceptó la cátedra de canto de la ‘Royal Academy of Music’ de Londres, renunciando a la del Conservatorio de París. Desde ese momento fijó su residencia definitivamente en la capital británica desarrollando una fructífera labor. De su estudio salieron cantantes tan conocidos como Jenny Lind, Julio Barbot, Bataille y la célebre Matilde Marchesi.

El instrumento de exploración conocido como laringoscopio fue diseñado por él tras una idea que le vino a la mente mientras paseaba una mañana primaveral de 1.854 por los jardines del Palacio Real de París; Manuel fijó su mirada en los cristales de las ventanas y vio como se reflejaban en ellas los rayos del sol, pensó enseguida en preparar un instrumento que lograse hacer lo mismo en la garganta humana y así ver las cuerdas vocales en movimiento. Con el fin de materializar su idea visitó a un viejo chatarrero que le vendió un rudimentario espéculo de dentista y sin perder tiempo se puso a practicar con su propia laringe. Anotó sus investigaciones en un libro al que finalmente tituló “Observaciones fisiológicas acerca de la voz humana”, donde explicaba minuciosamente el funcionamiento de las cuerdas vocales durante la inspiración y la fonación, libro que presentó a la Academia de Medicina de Londres. Posteriormente surgió la polémica de la paternidad del invento pues Charnit y Czemark se la atribuyeron cada uno por su lado, pero finalmente reconocieron públicamente que su única aportación a este campo había sido el perfeccionamiento de la técnica de exploración.

Mas tarde su investigación cayó en el ostracismo, siendo recuperado por los otorrinos tiempo después. Como reconocimiento a sus méritos la Universidad de Königsberg le invistió “doctor honoris causa”.

“El padre del laringoscopio” recibió un caluroso homenaje organizado por la ‘Royal Medical and Chirurgical Society’ de Londres, en 1.903, con motivo de la celebración de su centésimo cumpleaños. También recibió el nombramiento de Comendador de la Real Orden Victoriana, la Gran Medalla de la Ciencia Alemana y la Gran Cruz de Alfonso XII. También fue maestro y fundador de gran número de sociedades laringológicas.

El 6 de Octubre de 1.924, 21 años después, se le hizo justicia en España mediante un homenaje a su memoria consistente en una solemne sesión celebrada en la Academia de Medicina, y en la colocación de una lápida en su casa natal. Entre los numerosos regalos recibidos figuraba un retrato realizado por el famoso pintor americano J. Singer.

Sin hacer otra cosa que enseñar y estudiar la voz, llegó a una gloriosa ancianidad, admirado y respetado por todo el mundo. Se mantuvo en su cátedra de Londres hasta los cien años. Murió en la capital británica el 1 de Junio de 1.906 a los 103 años, siendo enterrado en el cementerio católico de Guilford, condado inglés de Surrey.