Príncipe y perezoso, desde una habitación de hotel.

Albert Cossery (retrato de Frederico Penteado – Wikipedia)

Albert Cossery nació en El Cairo en 1913, hijo de una mujer analfabeta y de un rentista, que pasaba la mayor parte del tiempo leyendo el periódico, lo que hizo que desde pequeño quedara fascinado por la capacidad de no hacer nada; decía que escribía dos frases por semana. Viajó por primera vez a París en 1930, con diecisiete años. Entre 1939 y 1945 trabajó como segundo de a bordo en un mercante egipcio. Al acabar la guerra se instaló en París, en una habitación de hotel en la que viviría el resto de su vida. Fue amigo de Albert Camus, Lawrence Durrell, Henry Miller, Jean Genet, Juliette Gréco, Alberto Giacometti o Boris Vian. Murió en París con noventa y cuatro años.

Sus obras

[1940]- Les hommes oubliés de Dieu- Los hombres olvidados de Dios
[1944]- La maison de la mort certaine- La casa de la muerte segura, 1942.
[1948]- Les fainéants dans la vallée fertile- Los holgazanes en el valle fecundo, 1948.
[1955]- Mendiants et Orgueilleux- Mendigos y orgullosos. Pepitas de Calabaza, Logroño, 2011. Trad. de Mauricio Wacquez ISBN 978-84-938349-4-4
[1964]- La violence et la dérision- La violencia y la burla, 1964.
[1975]- La violence et la dérision – Un complot de saltimbanquis, 1975.
[1984]- Une ambition dans le désert- Una ambición en el desierto, 1984.
[1999]- Les couleurs de l’infamie- Los colores de la infamia, 1999.

...”Nunca he poseído nada. ¿Para qué? Me basta mi habitación de hotel”, decía Albert Cossery. “Para probar que estoy en la tierra no necesito de coche alguno”...  Aunque si tenía varios trajes, siempre impecables, y se paseaba por Saint Germain-des-Prés siempre erguido, un cigarrillo encendido y un pañuelo en el bolsillo de la chaqueta… eran sus señas de identidad. Nada tenía, nada quiso… La habitación del hotel parisino que lo vio morir tiene hoy nevera y televisor…

Su vaguedad daba frutos: un libro cada 10 años. Algunos de ellos magníficos, como Mendiants et orgueilleux (Mendigos y orgullosos, 1955), que conoció una nueva vida durante la década de los noventa, cuando fue adaptado a la pantalla y transformado en cómic de éxito. Su protagonista, Gohar, es un mendigo. Publicada por la editorial Pepitas de Calabaza, ésta es una novela en la que nos topamos con un crimen de una joven prostituta y su consiguiente investigación policial. Sin embargo, la pregunta que recorrerá al lector tras su lectura es el motivo del delito, si acaso no somos todos culpables… La traducción al inglés de la obra de Cossery es debida a Henry Miller, admirador del egipcio. Cossery recibió el “Grang Prix de Francophonie” por el conjunto de su obra.

Como buena parte de la burguesía cairota, Cossery leía en francés. La revelación literaria le llegó a través de Balzac. Su primer libro -una serie de relatos que lleva por título Les hommes oubliés de Dieu (Los hombres olvidados de Dios, 1936)– se publicó en revistas cairotas y fue reunido en un solo volumen por Miller, que lo editó en Estados Unidos. En 1947 dio a conocer La maison de la mort certaine (La casa de la muerte segura) -en Egipto lo publicaron en 1942-, una historia de un edificio ruinoso que le vale como metáfora de Egipto y del mundo, un enfrentamiento entre ricos inútiles y gandules filósofos, y en 1948 edita Les fainéants dans la vallée fertile (Los holgazanes en el valle fecundo), que presenta a una familia que cultiva la pereza con pasión.

Durante la posguerra parisiense, Cossery, siempre acompañado de su gran amigo Camus, ambos dedicados a intentar seducir a las chicas más atractivas, tomó la decisión de no moverse ya nunca de su habitación en el modesto hotel La Louisiane. A pesar de haber escrito siempre en francés, también siempre quiso que sus historias transcurriesen en su ciudad natal. “Soy de cultura egipcia y lengua francesa, con un mundo egipcio. Pienso en árabe”. Y eso también se comprueba en La violence et la dérision (La violencia y la burla, 1964), Un complot de saltimbanquis (1975), Une ambition dans le désert (Una ambición en el desierto, 1984) y Les couleurs de l’infamie (Los colores de la infamia, 1999), sus otras novelas repletas de barrenderos, ladronzuelos, prostitutas y mendigos, de una distinción principesca y de un menosprecio por la riqueza dignos de Diógenes.

Al hablar de este curioso personaje, no podemos dejar de mencionar el libro ‘Tras Albert Cossery’, la última obra del autor aragonés José Luis Galar, que lo describe como un homenaje a este desconocido escritor egipcio, que vivió durante 57 años en la misma habitación de un hotel parisino, con la única premisa de no trabajar jamás y de dedicarse exclusivamente a lo que él llamó la “pereza reflexiva”.

“La fascinación de este personaje está en llevar a la práctica lo que muchos pensamos desde la teoría: vivir realmente lo que te da la gana. Esto casi es el sueño de cualquiera, el pensar me gustaría, me gustaría… pero al final todo se queda en la teoría”, dice de él este autor.

Cossery siguió los consejos de su padre, no trabajar jamás y vestir siempre como un “príncipe”, hasta el punto de que fue conocido como “el príncipe de la pereza”.

Con el apoyo de sus amigos, lo llevo a la práctica hasta el final de sus días, el 22 de junio de 2008, viviendo 57 años en la habitación número 58 de un hotel humilde, desprendido de las cosas materiales y asumiendo con “dignidad la pobreza”, sin avergonzarse de ella.


La Pereza reflexiva de Cossery

Según Galar, Cossery “propone la pereza reflexiva que consiste en no hacer nada, sólo pensar y meditar en tus cosas, sobre la felicidad de la vida. En realidad es un contemplativo, lo que pasa que, en lugar de dedicarse a la oración en un monasterio, se va a un hotel, donde no tiene nada que hacer, sólo pensar”.

El escritor y admirador del príncipe de la pereza, tras enterarse por un periódico de la muerte de Cossery comenzó a indagar sobre la vida de este personaje y decidió viajar a París y alojarse en la misma habitación de hotel. Allí se entrevistó con amigos y empleados de los establecimientos que Cossery frecuentaba diariamente y descubrió cómo murió, a los 95 años, en la misma habitación de hotel donde había vivido tantos años.

A lo largo de las cien páginas del ensayo cuenta la anécdota desvelada por el dueño de “La Brasserie”, donde el escritor egipcio solía comer todos los días. Este hostelero presenció, un día de agosto, una discusión acalorada entre Albert Cossery y uno de sus amigos, el violinista hebreo Ivry Gitlis, y cómo éste, una vez que ya habían cesado los gritos y tras un tenso silencio, sacó de su funda el “stradivarius” y empezó a tocar, hasta que finalmente los dos amigos se reconciliaron.

A pesar de la fascinación de la vida de este personaje, Galar ha explicado que no ha encontrado una editorial interesada en publicarlo, pero sí una nueva fórmula –el crowdfunding– , una especie de mecenazgo popular que finalmente va a permitir que el libro sea una realidad este año. A través de este sistema se ha conseguido, en apenas 30 días, el apoyo de varias librerías y de cien personas que han aportado, a través de la plataforma libros.com, 5 o 20 euros, a cambio de recibir en su domicilio el libro una vez publicado, ya sea en formato digital o en físico. Sin duda, otro homenaje a nuestro príncipe favorito… pues querer es poder.

Albert Cossery, el príncipe de la pereza que vivió 57 años en un hotel. El diario.es

Albert Cossery, escritor egipcio, príncipe de la pereza. En El País.

“Mendigos y orgullosos”, de Albert Cossery. En Revista de Letras.