Michel-Eugène CHEVREUL (1786-1889)

Los 102 años de vida de Chevreul le permitieron observar la guillotina durante la Revolución Francesa cuando tenía siete años y la construcción de la Torre Eiffel cuando era centenario.

Michel-Eugène Chevreul nació el 31 de agosto de 1.786 en Angers, capital del condado de Anjou que curiosamente es una de las regiones francesas en las que se encuentra mayor número de centenarios por provincia. Después de estudiar en la ‘École Centrale’ de su ciudad natal, Michel-Eugène fue enviado por su padre, famoso cirujano y descendiente de una gran saga de médicos, a París a los diecisiete años para estudiar en el laboratorio del Museo Nacional de Historia Natural bajo las órdenes del famoso químico Nicolas Vauquelin, siendo nombrado por éste jefe de dicho laboratorio al poco tiempo. A los veintiséis años fue profesor de física del Lycée Charlemagne y en 1.823 le nombraron director de la real fábrica de tapices de los Gobelinos (1). Tres años después ingresó en la Academia de las Ciencias, siendo su presidente en 1.839 y en 1.871. Por sus descubrimientos en el campo científico recibió la Gran Cruz de la Legión de Honor y el nombramiento de Director del Museo de Historia Natural, durante los años 1.864-1.879, Institución en la que había ingresado a los 17 años y de la que saldría pasados los 100.

Estatua de Miguel E. Chevreul en el Jardín de Plantas de París
A lo largo de su extensa vida, Chevreul ha prestado grandes servicios a la ciencia y a la industria. Le gustaba contar que durante su época de alumno de Vauquelin le habían traído desde Rouen un frasco para analizar que contenía materias grasas, olvidado éste en un rincón durante unos meses fue después encontrado por Chevreul observando al verlo que se habían desarrollado cristales en medio de la masa, empezando a estudiar desde ese momento los cuerpos grasos de origen vegetal o animal. Entre sus numerosas obras en este campo destacan: “Recherches chimiques sur les corps gras “ (1823) y “Considérations générales sur l´analyse organique” (1824).

Lo que llama la atención de Chevreul es, por un lado, su incesante actividad y por otro, la curiosidad que lo lleva a interesarse por los temas más diversos y por todos los acontecimientos de su época. De su etapa como director de la real fábrica de tapices de los Gobelinos, nombramiento que recibió de manos de Luis XVIII, destaca su trabajo sobre las leyes que gobiernan los cambios de intensidad de los colores y las sombras y en particular la influencia de un color en yuxtaposición a otro, trabajos que recogió en sus libros: “Leçons de chimie appliquée à la teinture” (1828-1831), “De la loi du contraste simultané des coleurs” (1839), “Essai de mécanique chimique” (1854) e “Histoire des connaissances quimiques” (1866)

Aunque no tuvo relación directa con el mundo artístico francés de la época y no existen pruebas fehacientes de que ciertos pintores leyesen el trabajo de Chevreul, éste ejerció un gran impacto en el desarrollo de las nuevas teorías del color de finales del siglo XIX y su relevancia en el desarrollo del Impresionismo y Neoimpresionismo está ampliamente documentada.

Chevreul se dedicó también a otros temas además de las grasas y de los tintes. En 1.815 aisló azúcar de la orina de un diabético y demostró que era idéntica al azúcar de la uva. Éste fue el primer paso hacia el reconocimiento de la diabetes como una enfermedad del metabolismo del azúcar, pero hasta pasado un siglo, Banting y Best no dieron el toque final a la investigación iniciada por Chevreul. En el campo de la medicina escribió “Considérations sur l´histoire de la partie de la médecine qui concerne la prescription des remèdes” (1865)

La mayoría de los debates filosóficos de su tiempo contaron con su participación. En 1.850 investigó sobre los engaños del espiritismo, escribiendo un libro sobre el tema titulado “De la baguette divinatoire” (1854). También luchó contra el escepticismo y el materialismo defendiendo constantemente la armonía del universo y de la naturaleza. Para los que le describieron como defensor de la ciencia frente a la religión escribió una carta abierta publicada en ‘Le Bien Public’ el 17 de septiembre de 1.886, en la que decía que deseaba que le conociesen como un sabio y al mismo tiempo como un Católico creyente: “Aquellos que me conocen también saben que he nacido en el seno de una familia Católica y que vivo y quiero morir como Católico”. Gran admirador de Molière, Chevreul lo consideraba el mayor de los filósofos “Molière es el hombre que mejor ha conocido la naturaleza humana, gracias al análisis y a la síntesis mental, de la cual supo hacer un uso tan admirable, aplicando ambos métodos al conocimiento del hombre como Newton aplicó el análisis y la síntesis al estudio de la mecánica celeste”.

Medalla creada el 31 de agosto de 1.886 y dedicada a Miguel E. Chevreul con el lema: la juventud francesa al decano de los estudiantes”
Fue uno de los primeros investigadores de la ciencia de la gerontología, tema para el que estaba especialmente dotado, estudiando a partir de sus noventa años los efectos psicológicos de la senilidad y publicando un libro titulado “Phénomène de la vieillesse” en 1.875. Durante una entrevista para el ‘Journal Illustré’ publicada el 5 de septiembre de 1.886, Chevreul respondió así a la pregunta sobre el secreto de la longevidad: “ debo decirle en primer lugar que siempre observé que hay que tener en cuenta la transmisión hereditaria. Mi padre, el Doctor Chevreul murió en 1.845 a los 91 años y mi madre, que era también de familia de médicos murió a los 93 años. Pero estos precedentes atávicos, aunque parezcan animarnos, no podrían bastar si no les ayudase uno mismo, siguiendo las mismas costumbres que los que nos han precedido y dado ejemplo. Cada uno debe estudiar sus aptitudes personales y ajustarse a ellas con una firmeza constante. Mi ilustre predecesor en la Academia, Bernard le Bouyer de Fontenelle (1657-1757) siguió esta receta…”.

Su centenario fue celebrado por el mundo de la química con un tremendo entusiasmo protagonizando una verdadera escena teatral ante la elite allí reunida cuando Mounet-Sully, encargado de recitar el ditirambo en su honor, comenzó diciendo con una fuerte voz, llena de lirismo: “Oh, tú, genio que la gloria…” palabras que interrumpió inmediatamente Chevreul para decir secamente: “Señor, a mí nunca nadie me tuteó”.

Permaneció partícipe de todos sus asuntos hasta el final de su vida y murió el 9 de abril de 1.889, a los 102 años de edad en su casa de París, ciudad que le rindió homenaje en 1.901 con la colocación de una estatua en los jardines del Museo de Historia Natural. Fue uno de esos afortunados que viven muchísimos años sin jamás haber vivido lo suficiente como para jubilarse.

GOBELINOS: A mediados del siglo XV Juan Gobelin estableció una tintorería y una fábrica de tejidos en París. La empresa alcanzó gran prosperidad y sus descendientes dejaron la industria a mediados del siglo XVII, siendo adquirida después por Luis XIV que creó la manufactura de tapices que llevaría el nombre de sus fundadores y que tan célebre habría de ser con el tiempo.

Jesús Fraiz Calvo