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Sofía Casanova (1862-1958)

“Cuando dejé mi Patria llevaba la quimera

del amor y del triunfo cual musa compañera

y allá en las soledades de la nieve murió …

Pero de su alba forma vi surgir florecida

La verdad- la experiencia- que es la voz de la vida,

Y ella fue quien a España viva me reveló”.

‘Poesía del destierro’ escrita por nuestra protagonista e incluida en ‘Cancionero de la dicha’ (1911).

Sofía Guadalupe Pérez Casanova, escritora y periodista gallega, nace el 30 de septiembre de 1.861 en el nº 141 de la coruñesa calle de Espoz y Mina, hoy llamada de San Andrés. Su padre, Vicente Pérez Eguía, litógrafo orensano, abandona a su mujer y a sus tres hijos cuando Sofía era muy pequeña causando una gran inestabilidad económica a su familia que se ve aliviada por la ayuda financiera proporcionada por el abuelo ferrolano Juan Bautista Casanova Pla Cancela, marino de profesión.

Pasa su infancia en el Pazo del Hombre en San Xulián de Almeiras (A Coruña) y comienza sus estudios en la escuela de Doña Concha, estudios que más tarde completará en el Conservatorio de Madrid, ciudad en donde fija su residencia a los 12 años ya que su madre decide trasladarse allí en busca de mejor fortuna. En la capital de España empieza a estudiar poesía y declamación. A su tierra natal volverá varias veces para pasar las vacaciones de verano en Mera (A Coruña).

En Madrid enseguida es bien recibida en los círculos literarios de la época después de haber sido publicados varios poemas suyos en el diario ‘Faro de Vigo’ poemas que ella tenía guardados en su habitación pero que su madre entrega al diario movida por su amor hacia la futura escritora que tenía entonces 15 años de edad. El Marqués de Valmar, verdadero mentor de Sofía, se hace gran amigo de ella inclinado por su gran talento para la poesía.

A través del Marqués es presentada en la corte de Alfonso XII, monarca al que le gustaba oír declamar a los poetas en sus salones. Sofía oirá contar a su familia años después cómo una tarde se encontraba ella recitando ante el Rey cuando un ujier le anunció la llegada de un importante ministro a lo que el Rey contestó: “Que espere el señor ministro”. Durante algunas de estas sesiones poéticas, Sofía comparte su tiempo con otro gran escritor Bernard Shaw. La debilidad que el Rey Alfonso XII tiene por Sofía se debe en parte, según sus biógrafos, al gran parecido físico que Sofía tenía con la Infanta Doña Eulalia de Borbón. La edición de su libro ‘Poesías’ (1885) fue costeada por el propio monarca.

Sofía enriquece su formación poética y artística mediante el trato directo con la intelectualidad del momento, asistiendo a tertulias como las del poeta Campoamor, que le presentará en 1.886 al que será su marido, el filósofo polaco Wincenty Lutoslawski, o a las ‘soirées’ organizadas por otro poeta, Emilio Ferrari. Entre las mujeres escritoras que conoce figuran Concepción Jimeno Gil, Blanca de los Ríos, Sofía Tartilán, Filomena Dato y Emilia Pardo Bazán.

A los 20 años es ya una poetisa consagrada. Wincenty Lutoslawski había llegado a Madrid procedente de Francia con una carta de recomendación del medievalista francés Gastón París. Después del primer encuentro con Wincenty en casa de Campoamor, Lutoslawski se siente tremendamente atraído por la poetisa que le regala un ejemplar de su libro de poemas en el que Wincenty escribió en polaco “Esta mujer va a ser mi esposa”, texto que no quiso traducirle a ella. Al año siguiente de conocerse se casan en la madrileña Iglesia de San Marcos, el 19 de marzo de 1.887 y tienen cuatro hijas: María, Izabela, Yadwiga, que morirá de disentería en 1.895 sumiendo a Sofía en una fuerte depresión, y Halina que nace en Galicia. El hecho de no haber tenido hijos varones parece que influyó en el distanciamiento y finalmente separación de la pareja pues Wincenty comenzó a tener relaciones con otras mujeres en busca del heredero de su apellido.

Después de la boda el matrimonio se instala en Drozdowo, Polonia, que por aquel entonces era una provincia de Rusia. En esta ciudad escribirá Sofía bellos poemas que relatan “a saudade” e “a morriña” que siente por su Galicia natal. Después de haber pasado veinte años entre sus dos patrias decide en 1.905 instalarse definitivamente en España, tiene 43 años de edad y empieza a tener problemas de visión. Decidida a que la literatura deje de ser una anécdota en su vida y pueda vivir de su trabajo comienza a colaborar con ‘ABC’, ‘El Debate’, ‘Blanco y Negro’, ‘El Mundo, ‘Galicia’. En su hogar madrileño se dan cita gentes notables como: Basilio Álvarez, Alfredo Vicenti, Ramón y Cajal, Alberto Insua, Victoriano García Martí y un joven Castelao que será el que ilustre su libro ‘Princesa del amor hermoso’ (1909). Su actividad social es muy intensa pronunciando conferencias y participando en lo que entonces se llamaban ‘obras sociales’. Pero sus hijas viven en Polonia y ella no puede vivir muy alejada de ellas por lo que viaja con frecuencia allí para verlas. Precisamente durante uno de estos viajes estalla la 1ª Guerra Mundial.

Sofía es testigo de los horrores de la guerra y de las dificultades por las que atraviesa Polonia, país del que no se reciben noticias en España. Decidida a contar la verdad escribe una carta al diario ‘ABC’ intentado convencer a sus compatriotas de que no está justificada su creciente admiración por los alemanes, a cambio, la dirección del diario, dejando a un lado su ideología, le hace una oferta de corresponsal de guerra, oferta que Sofía acepta.

La obra literaria de Sofía Casanova es admirada y reconocida en España. En 1.906 es elegida miembro de la Real Academia Gallega, en 1.911 entra a formar parte de la Academia Española de Poesía y en 1.925 su nombre se baraja entre los candidatos españoles al Premio Nobel de Literatura. Ese mismo año recibe la Gran Cruz de la Orden Civil de Beneficencia de Alfonso XIII por su colaboración con la Cruz Roja durante la 1ª Guerra Mundial. Hay que destacar que hasta esa fecha ya había escrito, además de los libros de poesía antes mencionados, varias novelas: ‘El doctor Wolski’ (1894), ‘Sobre el Volga helado’ (1903), ‘Princesa del amor hermoso’ (1909) y cuentos como ‘El pecado’ (1911) y la comedia ‘La madeja’ (1913). Además debido a su amplio conocimiento de idiomas: francés, inglés, italiano, polaco, portugués y ruso su labor como traductora es muy estimable; entre las obras traducidas por Sofía destaca ‘Quo Vadis ?’ de Sienkiewcz y ‘Alma nihilista’ de Kowalewska.

En 1.915 el avance alemán obliga a evacuar Varsovia. Entre los refugiados polacos que parten hacia el Imperio ruso está Sofía. En la capital rusa se respiran aires revolucionarios pues el régimen de los Romanov está a punto de caer y Sofía de nuevo está en el mejor sitio para relatar lo que acontece, aunque en España se la da por muerta ya que tras la crónica del fallecimiento de Rasputin la censura rusa le había prohibido la comunicación con España.

Durante la insurrección popular del 3 de julio, reprimida con dureza por parte de las tropas gubernamentales, Sofía recibe un golpe accidental en los ojos de parte de uno de los que huían del tiroteo callejero. Las consecuencias de este accidente fueron nefastas para la escritora ya que a pesar de los cuidados a los que tuvo que someterse no logrará volver a ver bien nunca más. A pesar de todo no deja de escribir.

1918 trae consigo la independencia para Polonia convirtiéndola en Estado y gracias a ello Sofía puede regresar a su patria adoptiva de nuevo no sin sortear toda clase de dificultades con los visados. Pero el éxodo de Rusia no se completará hasta su llegada a España en 1.919 siendo recibida como una auténtica heroína. Toda la prensa se hace eco del regreso de la compatriota y se suceden multitud de homenajes.

Entre 1.920 y 1.930 regresa seis veces a España; en estos años encuentra la tranquilidad que tanto ansiaba, escribiendo más de cuatrocientos artículos y cuatro libros. Pero la que no está tranquila es Europa. Sofía es testigo de la proclamación de la República en España con la convicción de que va a ocurrir en su país lo que le tocó vivir en Rusia en 1.917. Las noticias que recibe de España son asoladoras: cierran la sede del periódico ABC lo que hace que pierda el trabajo durante unos meses. Este hecho la hace aborrecer a los republicanos, sentimiento que va en aumento hasta que en 1.936 escribe el último artículo de su colaboración con el diario ‘Mirando a Rusia’. Aunque escribe dos artículos más se puede decir que el trabajo periodístico de Sofía acaba el día que empieza la guerra en España.

Durante la guerra civil española Sofía toma partido por Franco al que visita en Burgos en 1.938. Tras una breve estancia en La Coruña regresa a Polonia para pasar la Navidad. De nuevo Sofía vuelve a ver amenazada la paz en su Polonia querida al firmar Hitler y Stalin la alianza germano-soviética para terminar con la independencia de Polonia y se ve obligada a huir a una aldea con una de sus hijas y sus nietos. La intercesión del embajador de España en Berlin le permite vivir con cierta seguridad mientras contempla la barbarie de los campos de concentración. Sofía puede regresar a España cuando la División Azul regresa vencida pero tiene 80 años ya y aún conserva las fuerzas necesarias para ayudar a su familia en las actividades clandestinas contra la ocupación alemana.

Sola, pobre y completamente ciega vive con su hija Halina en Polonia, de donde no volverá a salir, escribiéndole al dictado sus últimas vivencias y sentimientos, las últimas cartas a sus amigos gallegos, mejor dicho, a los hijos de sus amigos pues los primeros se fueron yendo en las sucesivas contiendas fratricidas. Una de las alegrías de la época se la proporciona la Real Academia Gallega que la nombra Académica de Honor en 1.952.

En 1.955 se entera de la muerte de su marido Wincenty en Cracovia y aunque hace mucho que no sabe nada de él siente una gran tristeza, sentimiento que la acompaña durante sus últimos años de vida pues son muchas las personas que se han ido antes que ella.

El 25 de enero de 1.958 el diario ‘ABC’ escribe un breve artículo titulado: ” Ha muerto Sofía Casanova”. Tenía 96 años de edad y había fallecido el día 16 del mismo mes. Tras su muerte son varios los homenajes que se hacen en su memoria tanto en España como en Polonia.

Pero la gran reputación como escritora y periodista alcanzada en vida de Sofía Casanova ha quedado en el olvido después de su muerte y es prácticamente una desconocida para la mayoría de los gallegos, de los españoles y de los polacos. Algunos coruñeses se preguntarán quién habrá sido la señora Sofía Casanova al pasar por la calle del mismo nombre situada en una perpendicular a la Ronda de Outeiro, a la altura de los Mallos. Valgan estas líneas como mi pequeño homenaje a una gran mujer y gran profesional que con su pluma narró los avatares del mundo en una época especialmente inestable y conflictiva.